La contabilidad como eje estratégico en transacciones

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En los últimos años, América Latina ha enfrentado un contexto económico marcado por inflación persistente, incrementos en tasas de interés y episodios de volatilidad en los mercados cambiarios. Estas condiciones han impactado la valoración de empresas y, en consecuencia, la forma en que las organizaciones planifican adquisiciones, desinversiones y reestructuraciones. En este entorno, la contabilidad corporativa ha adquirido un papel central: dejó de operar únicamente como sistema de registro y pasó a desempeñar una función estratégica en la interpretación y comunicación de decisiones empresariales.

La valoración financiera de una compañía, especialmente en procesos de M&A, se basa en expectativas de generación futura de caja, riesgos operativos y condiciones del mercado. Sin embargo, el reflejo contable de una transacción puede modificar de manera sustancial la lectura posterior de sus resultados. Esta interacción entre lo económico y lo contable se hace particularmente evidente en sectores donde los múltiplos de valoración son sensibles al ciclo económico. Según Alejandra Guzman, directora de Deal Advisory de BDO Interaméricas, “entre 2022 y 2024, por ejemplo, industrias vinculadas a consumo masivo y retail vieron ajustes en sus valoraciones debido al aumento del costo de capital; mientras que sectores como tecnología, servicios profesionales y logística mantuvieron expectativas de crecimiento más estables. Esta divergencia obliga a analizar no solo cuánto vale un negocio, sino cómo ese valor será comunicado y sostenido en el tiempo”.

En combinaciones de negocios bajo NIIF 3, el proceso de asignación del precio pagado (PPA) permite identificar activos y pasivos previamente no reconocidos. Los intangibles —relaciones comerciales, marcas, bases de datos o tecnología— suelen representar una fracción significativa del valor económico de las compañías en la región. En transacciones recientes en sectores de servicios y plataformas digitales, una proporción relevante del valor asignado ha correspondido a capital relacional y capacidades organizacionales. Sin embargo, a diferencia del valor económico, estos activos se amortizan contablemente, lo que altera el comportamiento de indicadores como EBITDA operativo en períodos posteriores. Una lectura superficial podría conducir a interpretaciones erróneas sobre la evolución real del negocio adquirido.

La situación es aún más compleja cuando la transacción incluye contraprestaciones contingentes, como earnouts o pagos basados en desempeño futuro. Estas estructuras, frecuentes en transacciones familiares y empresas medianas en Argentina, Chile, Colombia y Perú, buscan alinear incentivos entre comprador y vendedor ante incertidumbre sobre los resultados futuros. Desde la perspectiva contable, su medición a valor razonable genera ajustes en resultados que pueden introducir volatilidad. Por tanto, la decisión de utilizarlas requiere evaluar no solo su conveniencia económica, sino también su impacto en la narrativa financiera que la empresa deberá sostener ante inversionistas y órganos de gobierno.

Finalmente, en entornos de desaceleración, la prueba de deterioro del goodwill se convierte en un ejercicio crítico de consistencia estratégica. Obliga a contrastar expectativas con escenarios de mercado y a justificar hipótesis de crecimiento y riesgo ante terceros. En la práctica, funciona como un mecanismo disciplinario que revela si la transacción mantuvo su razonabilidad en el tiempo.

En síntesis, la contabilidad no solo registra operaciones: construye la narrativa financiera que da sentido a las decisiones corporativas. La creación de valor sostenible depende, en gran medida, de la coherencia entre la lógica económica de una transacción y su representación en los estados financieros.

Alejandra Guzmán
Directora Deal Advisory Interaméricas